La conversación que cambió mi vida

Los que me seguís en el blog desde hace tiempo, sabéis que de vez en cuando me gusta hacer reflexiones más personales. Por eso, hoy me gustaría contaros la conversación que cambió mi vida.

Una lección que yo aprendí y creo que cuando aprendes algo bueno tienes la obligación de compartirlo.

No estoy pasando por buenos momentos, por eso me gustaría agradeceros todo vuestro cariño con esta reflexión personal directa desde mi corazón.

Siempre pienso que hay momentos, personas, frases o canciones, que llegan por un motivo, marcando un antes y un después en tu vida.

Y la conversación que cambió mi vida vino de la mano de dos de las personas que más quiero y admiro. Y las personas más buenas que conozco.

Desde pequeña he sentido profunda admiración y devoción por mis abuelos maternos. Mis abuelos de Utiel.

Los abuelos con los que me he criado desde pequeñita, donde pasaba los veranos y las vacaciones en el pueblo.

Yo soy la nieta mayor y he tenido la oportunidad de vivir mucho tiempo con ellos hasta que vinieron el resto de nietos.

Siempre me iba con mi abuela al super a hacer la compra y le ayudaba a descifrar los precios, porque mi abuela no se ve tres en un burro 😉

Mi abuela me levantaba por las mañanas cuando era pequeñita, y mientras yo seguía medio dormida, me sentaba en su regazo y me daba ese chocolate con madalenas, que todavía me encanta tomar cuando voy al pueblo.

Le ayudaba a preparar el tomate en conservas que tanto me gustaba. Tomate que mi abuelo traía del huerto y me faltaban piernas para salir corriendo a su encuentro, cuando venía con esos cubos llenos de tomates.

Hay personas que meriendan chocolate , otras que meriendas leche con galletas, yo merendaba tomates del huerto de mi abuelo.

Me iba al corral de mi abuelo por las mañanas y mientras él hacía sus labores, yo me iba a jugar a la acequia con botes y barro y jugaba a las “cocinillas”. O me iba a cazar renacuajos al río.

Sacábamos agua del pozo, cogíamos moras y le dábamos el biberón a los corderos pequeños.

Después nos íbamos a casa a ducharnos y nos arreglábamos para ir a dar una vuelta en la furgoneta a ver sus amigos. Yo iba toda mona mirándome en todos los espejos porque me iba con mi abuelo.

Me encantaba vivir con mis abuelos en el pueblo.

Recuerdo el día que le dije a mi abuelo que quería que me acompañara al altar junto a mi padre. Mi abuelo es como yo, una persona que se intenta hacer la dura pero realmente no lo es.

Las lágrimas le caían pero él, como yo, intentaba disimularlo.

Un día me dijo que cada mañana se levantaba y ponía los pies en el suelo, pidiendo que por favor pudiera caminar para poder llegar al día de la boda y poder acompañarme.

Nunca olvidaré ese momento.

Boda Majo y Andrés

Mi abuela no lo sabía, era un gran secreto que solo sabíamos mi padre, mi abuelo y yo.

Pero el día de la boda, momentos antes de comenzar, se lo conté para no preocuparla cuando el abuelo no estuviera sentado en la ceremonia, creo que nunca he visto a mi abuela tan contenta y feliz como ese día.

Es tal la admiración, amor y devoción que siento por ellos, que desde pequeña lloraba en la cama pensando en el momento en el que ellos no estarían a mi lado.

Pensaba que aún faltaba tiempo para que llegara ese momento y que cuando fuera mayor sería más fuerte para poder llevarlo.

Pero ahora soy mayor y no soy más fuerte. Sigo llorando a escondidas en la cama cuando pienso en ese momento y no quiero que llegue nunca porque nunca voy a estar preparada para ello.

¿Por qué mis abuelos no pueden ser eternos?

Hace unos 6 o 7 años estaba en Utiel cenando con mis abuelos y no sé por qué me contaron lo dura que había sido su vida.

Me dijeron una frase que me desgarró por dentro.

“Nosotros hemos sido unos desgraciados toda nuestra vida”

Me contaron la vida de duro trabajo que habían llevado desde pequeños para poder salir adelante. Lo difícil que había sido criar a sus hijos, porque eso siempre ha sido duro, no viene de ahora.

Me contaron los infortunios que habían sufrido durante toda su vida para llegar a viejos y no tener apenas nada.

No os podéis imaginar lo duro que fue para mí mantener esa conversación con ellos, en la que se sinceraron conmigo y me contaron todo lo que les había pasado en la vida. Y sé que todas las cosas que me contaron las llevaban dentro y nunca las habían contado a nadie.

Yo solo les repetía que tenían una gran familia que les quería con locura y eso era la único importante en esta vida.

Pero ellos seguían diciéndome que habían sido unos desgraciados.

Esa conversación con ellos me dolió en el alma y no pude dejar de llorar toda la noche en la cama.

Con el tiempo y el paso de los años me di cuenta que esa fatídica conversación con mis abuelos, era el mejor regalo que me podían haber hecho.

Yo y mi eterna manía de ver siempre el lado bueno de las cosas.

Porque realmente lo que me estaban diciendo es que ellos no habían tenido oportunidades para vivir otra vida. Pero yo sí las tenía.

Lamentablemente la época que les tocó vivir a nuestros abuelos no tiene nada que ver con la nuestra.

Nosotros tenemos la suerte de vivir en una época llena de oportunidades, podemos hacer lo que nos propongamos y dirigir nuestra vida donde queramos.

Podemos estudiar, buscar un trabajo que nos guste, viajar y disfrutar de la vida todo lo que esté en nuestra mano.

Cosa que ellos no pudieron hacer. Ellos fueron unos auténticos supervivientes.

Cuando me di cuenta de todo esto hace unos años, pensé que sin duda fue la conversación que cambió mi vida.

Me di cuenta que era una auténtica afortunada, que podía hacer todo lo que me propusiera porque la vida son dos días y hay que aprovecharlos.

La vida no es fácil, la vida es dura. Pero si no hacemos algo por mejorar, si no nos esforzamos nosotros mismos y damos todo lo que tenemos y más, nadie va a tocar a nuestra puerta y nos va a poner la felicidad en bandeja.

No quiero ser mayor y pensar que podría haber hecho algo para ser feliz y no lo hice por miedo. No quiero lamentar no haber hecho todo lo que está en mi mano para cambiar las cosas que no me gustan.

Porque ellos no tuvieron esa oportunidad, pero nosotros si la tenemos.

Nunca estaré preparada para ese momento y ojalá nunca llegue ese día. Pero aunque algún día no pueda volver a veros, jamás dejaré de sentiros.

Gracias.

Espero que os haya servido de ayuda este post!!!

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